Raúl Diez Canseco Terry
Acción Popular, el gran salto PDF Imprimir E-Mail

PROYECCIONES

Por: Raúl Diez Canseco Terry

Acción Popular cumple 52 años y los desafíos que aborda, entre otros el tema de la representación política, no son ajenos a los de otras agrupaciones políticas del continente. El sistema partidario muestra una clara fragmentación; pero también muestra que es capaz de renacer y florecer, no solo porque se va consolidando la libertad de asociación mediante partidos políticos, sino también porque estos siguen expresando la autenticidad del pluralismo político. En suma, como herramienta articuladora de los ciudadanos, hacen posible la construcción del moderno Estado democrático como entidad máxima de la vida de las naciones. Contrario a todo ello son la barbarie, la violencia, el autoritarismo, el despotismo, el individualismo y la disgregación.

Para los sociólogos hay características que hacen de un partido una instancia moderna: sustento ideológico y programático, que lo haga poseedor de una cosmovisión; estabilidad, que le permita vigencia permanente; transparencia en el ejercicio de su liderazgo; representativos de la diversidad social; amplias y flexibles, para adecuar realidades concretas a soluciones pragmáticas; doctrinarios en el sentido de la enseñanza a través del ejemplo; no hegemónicas; y, útiles, en el sentido del servicio al bien común. Es claro que si en algún momento estas cualidades se imprimen en nuestras organizaciones en términos aceptables, habremos consolidado a la democracia como el mejor modelo de vida y de gobierno.

En este sentido AP ha sabido mantener principios rectores a lo largo de su trayectoria. Puede que ello le haya significado un alto costo político, pero ha mantenido en alto ideales y propuestas. A puertas de conmemorarse el centenario del nacimiento de su fundador, Fernando Belaunde (7 de octubre de 2012), Acción Popular necesita transmitir a nuestros compatriotas un mensaje diáfano y elaborar un proyecto de país confiable para construir una sociedad justa. De momento, con la experiencia que le otorga el acervo político, ideológico y programático acumulado, AP debe preocuparse en trabajar bien para constituirse en el fiel de la balanza del juego democrático actual y para ocupar pronto el lugar para el que fue fundado: ser un mediador privilegiado entre el Estado y la sociedad civil. Grandes íconos populares como el mismo Belaunde y Valentín Paniagua, una extraordinaria como extensa obra pública todavía no igualada y, entre otros hitos, su gran aporte en pro de una cultura democrática nacional, hacen relevante su vigencia e ineludible su renacer en grande que, creemos, logrará más temprano que tarde.

Después de todo, la aspiración de FBT fue que su obra basada en lecciones autóctonas y los aportes de Occidente constituyan el legado intelectual que las generaciones venideras deben asimilar. La revolución de la tecnología intermedia que se registra en los andes peruanos y el clamor mundial del valor solidaridad lo hacen más que vigente.

 
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